martes, 19 de agosto de 2014

La esperanza

Lo presiento:
todo esto
en el caos
está a punto
de caer.
¡ Ay los viejos
engranajes
de este mundo
tan chirriado
de oxidado!
Cada pieza
de la extraña
maquinaria
moribunda
supurando
inquietante
negra bilis; 
reumática,
incurable.
Sin embargo,
sin amago
de tristeza,
apercibo
la invisible
mano alada
sosteniendo
estas ruinas,
dando forma,
dando luz
a este polvo
sin consuelo.
Y  tocándome
a mí al fin,
pobre insecto
de este enjambre
catastrófico,
con un gesto
de ternura
que acaricia
mi vacío,
que sutura
mis heridas
con un bálsamo
al que llaman
esperanza.


jueves, 14 de agosto de 2014

Aforismos varios



Lo difícil para la Razón no es demostrar la existencia del Espíritu, sino la de la Materia.

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Un acto es un movimiento con sentido.

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El revolucionario busca la utopía del futuro (que no será) y el reaccionario, la utopía del pasado (que nunca fue).

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Después que cayera la cabeza de Luis XVI, sólo son posibles dos actitudes políticas radicales: Revolución o Restauración.

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El Estado laico es la gran creación política del Cristianismo.

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Economía: ciencia donde todo se puede demostrar.

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Economía: ciencia que siempre termina siendo refutada por la realidad.

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La Economía tiene una gran capacidad de organizar los datos (mundo objetivo) en función de deseos o prejuicios (mundo subjetivo). Esto, más que ciencia, se llama arte.

lunes, 21 de julio de 2014

Caricia


Detrás de la piel habita un misterio de estrellas y vacíos;
un espacio sagrado donde cada ápice de materia ha sido conformada por la  Sabiduría exacta. /
Caricia es la ardua tarea imposible de aclarar este enigma;
de pasar este límite borroso e invicto, para entrar
peregrino cansado, en la Tierra ignota, donde la muerte es dulce. 

viernes, 18 de julio de 2014

La cámara del juglar

El romance de “Álora la bien cercada” es una de las mas preciadas joyas de ese inagotable tesoro del Romancero. Su entramado histórico está claro: el intento de conquista de la plaza por parte las huestes cristianas y la muerte alevosa del Adelantado don Diego de Rivera. Pero quiero aquí referirme a otro aspecto del texto, lo que en un estudio más largo he llamado “riqueza estilística”. ¿Por qué este romance nos sigue produciendo, después de cinco siglos, ese cosquilleo, esa extraña alquimia, no reducible a ninguna fórmula, de la buena literatura?

Considerando el texto desde un punto de vista retórico, se comprueba la sencillez de sus recursos; una retórica sobria, de “encefalograma plano”. Se narran los hechos con exactitud y viveza, pero sin exageración ni adorno. Dominio de lo narrativo y lo descriptivo sobre lo lírico y lo discursivo. Simplemente, con objetividad y casi frialdad, se narran unos hechos. ¿Simplemente?

La complejidad, el mecanismo secreto de esta máquina maravillosa no está en el lenguaje, sino en cómo se estructuran y presentan los hechos y en qué perspectivas el autor-narrador los presenta. La combinación, el cambio de estos puntos de vista producen lo que, para mí, es la clave del texto: su carácter dinámico. Comienza el poema con una vista “panorámica”  del pueblo rodeado por el río y cercado por las tropas cristianas (versos 1-8). Se establecen, así, las coordenadas espacio-temporales, el escenario y el momento de la escena. El punto de mira, a continuación, se desliza hacia los alrededores del castillo. La cámara se acerca y mira a la muchedumbre que se mueve, incluso se acerca al detalle de sus objetos y enseres (vv. 9-16). Pasa a centrarse la mirada sobre las murallas del castillo (la cámara sigue acercándose). Luego (primer plano) se fija en un “morico” que está agazapado entre dos almenas, dispuesto a fastidiar al pobre don Diego (vv. 19-22). Suena la voz del morico -hasta ahora la escena ha estado muda- y la cámara, sin cambiar de distancia, pero sí de dirección, apunta a otro lugar. Los hechos se suceden ahora vertiginosamente: se alza la visera, entra la saeta por esa rendija (vv. 27-30). ¿Qué ocurre? Parece el final. Todavía tiene la cámara tiempo de acercarse y mostrarnos la escena última con un tono familiar, de interior (vv. 31-36). Y en el momento final, que remata magistralmente toda esta mudanza con los dos últimos versos, se aleja no para  describir, sino sugerir, no nombrar, sino  insinuar el desenlace final. Retórica, más que lírica, teatral o cinematográfica.

El juglar anónimo nos sigue cercando con la magia del arte.



sábado, 22 de febrero de 2014

Democracia real /democracia virtual


¿Qué significa “democracia real”? La expresión, que me parece plena de equívocos y posibilidades, me suscita interrogantes y reflexiones.

Si la expresión quiere decir que el ciudadano toma directamente (realmente) las decisiones del Estado, entonces expresa una imposibilidad. Precisamente la democracia es el único sistema político donde la toma de decisiones y sus actos correspondientes no derivan directamente de una correlación de poder, sino que se realiza a través de un acto de representatividad que es un acto convencional y -si se me entiende la expresión- “artificial”. En la situación predemocrática se produce el acto de gobierno como una simple acción de poder del poderoso (valga la redundancia) o el apto frente al gobernado. Aquí el fenómeno político es más “real”, en el sentido de directo y no convencional. Toda democracia, por el contrario, tiene algo de virtual. Y este carácter, al contrario de lo que pueda parecer a simple vista, no supone un retroceso, sino un avance en la larga marcha de la barbarie a la civilización. Entre el señor feudal que castiga al siervo de la gleba con latigazos por un delito (pongamos) de robo, hasta nuestro complicado, formalista y ciertamente imperfecto sistema judicial, con todas sus taras y tardanzas, se ha transcurrido de lo directo y real a lo virtual; pero también de lo despiadado a lo mediana y aceptablemente humano.

Por todo esto, cuando se habla de democracia “real” o democracia “directa” me parece que nos deslizamos por una pendiente cuyo final desconocemos y en cuyo áspero trayecto podemos dejarnos más de un trozo de piel. Yo creo que la gente más bien quiere decir con lo que dice “democracia moral”. Esta moralidad puede entenderse en dos sentidos: a) un sistema donde los procesos del Estado respondan a conductas individuales virtuosas y donde haya una normativa que controle y sancione las desviaciones de esta norma. b) Un sistema que genere justicia y bienestar para sus miembros. Cada uno de estos puntos es distinto. Es cuanto al a), tengo que decir que la democracia por sí misma no puede general virtud, ya que ésta depende de otros factores (morales, religiosos…) y se mueve en otro ámbito. Se puede ser demócrata y mala persona, por decirlo de una forma simple. Lo que sí tiene -y debe- hacer el sistema es establecer un marco legal de control, corrección y sanción. En el punto b), entramos en un ámbito hasta ahora no mencionado: la economía. Para que haya justicia debe haber riqueza (no puede repartirse la nada) y para que haya riqueza tienen que darse una serie de condiciones objetivas que, desde la revolución industrial de finales del XVIII hasta hoy, son parecidas: libertad de mercado, respeto a la propiedad privada, seguridad jurídica que garantice una competencia limpia, estabilidad política, espíritu de innovación y cambio. La riqueza no es un recurso natural, como la lluvia o el viento, sino creación humana (ese tercer “mundo” del que habla Popper, que se une a los clásicos de Materia y Espíritu), que sólo se da en ciertas condiciones, una de las cuales (no la única) puede ser el sistema democrático.

Después de lo dicho, descubrimos que debajo de la expresión “democracia real” termina habiendo, a fin de cuentas, un cúmulo de buenas intenciones, una pretensión de mejorar el sistema y depurarlo de sus imperfecciones. Esto es: un impulso de mero reformismo; todo lo contrario de una revolución.

sábado, 15 de febrero de 2014

Teología pedestre (2)

La Comunión de los santos explicada con sencillez: hasta que llegue la Parusía, los vivos y los muertos habitamos distintos camarotes, pero un mismo barco.

viernes, 7 de febrero de 2014

Prefiero


Prefiero estar perdido que ser mapa
antes  naufrago que amante / sé mejor
callar que abrir la vena más sonora
y digo más: me inundaría antes
que ahogar tanta mariposa desalada
o perder el ritmo neutro de los buitres.

No quiero ahora este dilema extraño:
o entrar en la húmeda cueva donde pájaros
no anidan nunca / o desandarse
todo el camino duramente piedra
y polvo.