miércoles, 27 de agosto de 2014
Aforismo
El intelectual no puede ser político (ni viceversa). El intelectual complica y matiza lo simple. el político resume y simplifica lo complejo.
martes, 26 de agosto de 2014
viernes, 22 de agosto de 2014
martes, 19 de agosto de 2014
La esperanza
Lo presiento:
todo esto
en el caos
está a punto
de caer.
¡ Ay los viejos
engranajes
de este mundo
tan chirriado
de oxidado!
Cada pieza
de la extraña
maquinaria
moribunda
supurando
inquietante
negra bilis;
negra bilis;
reumática,
incurable.
Sin embargo,
sin amago
de tristeza,
apercibo
la invisible
mano alada
sosteniendo
estas ruinas,
dando forma,
dando luz
a este polvo
sin consuelo.
Y tocándome
a mí al fin,
pobre insecto
de este enjambre
catastrófico,
con un gesto
de ternura
que acaricia
mi vacío,
que sutura
mis heridas
con un bálsamo
al que llaman
esperanza.
jueves, 14 de agosto de 2014
Aforismos varios
Lo difícil
para la Razón no es demostrar la existencia del Espíritu, sino la
de la Materia.
***
Un acto es
un movimiento con sentido.
***
El
revolucionario busca la utopía del futuro (que no será) y el
reaccionario, la utopía del pasado (que nunca fue).
***
Después que
cayera la cabeza de Luis XVI, sólo son posibles dos actitudes
políticas radicales: Revolución o Restauración.
***
El Estado
laico es la gran creación política del Cristianismo.
***
Economía:
ciencia donde todo se puede demostrar.
***
Economía:
ciencia que siempre termina siendo refutada por la realidad.
***
La Economía
tiene una gran capacidad de organizar los datos (mundo objetivo) en
función de deseos o prejuicios (mundo subjetivo). Esto, más que
ciencia, se llama arte.
lunes, 21 de julio de 2014
Caricia
Detrás de la piel habita un misterio de estrellas y vacíos;
un espacio sagrado donde cada ápice de materia ha sido conformada por la Sabiduría exacta. /
Caricia es la ardua tarea imposible de aclarar este enigma;
de pasar este límite borroso e invicto, para entrar
peregrino cansado, en la Tierra ignota, donde la muerte es dulce.
viernes, 18 de julio de 2014
La cámara del juglar
El
romance de “Álora la bien cercada” es una de las mas preciadas joyas de ese
inagotable tesoro del Romancero. Su entramado histórico está claro: el intento
de conquista de la plaza por parte las huestes cristianas y la muerte alevosa
del Adelantado don Diego de Rivera. Pero quiero aquí referirme a otro aspecto
del texto, lo que en un estudio más largo he llamado “riqueza estilística”.
¿Por qué este romance nos sigue produciendo, después de cinco siglos, ese
cosquilleo, esa extraña alquimia, no reducible a ninguna fórmula, de la buena
literatura?
Considerando
el texto desde un punto de vista retórico, se comprueba la sencillez de sus
recursos; una retórica sobria, de “encefalograma plano”. Se narran los hechos
con exactitud y viveza, pero sin exageración ni adorno. Dominio de lo narrativo
y lo descriptivo sobre lo lírico y lo discursivo. Simplemente, con objetividad
y casi frialdad, se narran unos hechos. ¿Simplemente?
La
complejidad, el mecanismo secreto de esta máquina maravillosa no está en el
lenguaje, sino en cómo se estructuran y presentan los hechos y en qué
perspectivas el autor-narrador los presenta. La combinación, el cambio de estos
puntos de vista producen lo que, para mí, es la clave del texto: su carácter
dinámico. Comienza el poema con una vista “panorámica” del pueblo rodeado por el río y cercado por
las tropas cristianas (versos 1-8). Se establecen, así, las coordenadas
espacio-temporales, el escenario y el momento de la escena. El punto de mira, a
continuación, se desliza hacia los alrededores del castillo. La cámara se
acerca y mira a la muchedumbre que se mueve, incluso se acerca al detalle de
sus objetos y enseres (vv. 9-16). Pasa a centrarse la mirada sobre las murallas
del castillo (la cámara sigue acercándose). Luego (primer plano) se fija en un
“morico” que está agazapado entre dos almenas, dispuesto a fastidiar al pobre
don Diego (vv. 19-22). Suena la voz del morico -hasta ahora la escena ha estado
muda- y la cámara, sin cambiar de distancia, pero sí de dirección, apunta a
otro lugar. Los hechos se suceden ahora vertiginosamente: se alza la visera,
entra la saeta por esa rendija (vv. 27-30). ¿Qué ocurre? Parece el final.
Todavía tiene la cámara tiempo de acercarse y mostrarnos la escena última con
un tono familiar, de interior (vv. 31-36). Y en el momento final, que remata
magistralmente toda esta mudanza con los dos últimos versos, se aleja no
para describir, sino sugerir, no
nombrar, sino insinuar el desenlace
final. Retórica, más que lírica, teatral o cinematográfica.
El
juglar anónimo nos sigue cercando con la magia del arte.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
