domingo, 25 de diciembre de 2011

Leonardo

Cierta ironía que observo en tu cabeza erguida,

recién salida de la concha después del sueño,

es la lejanía con que el sabio mira a las hormigas,

la lentitud de quien sabe la muerte congelada.

Por todo alimento, una ración de insectos diminutos,

y un estrecho horizonte de orillas fangosas.

Entre el agua y la piedra transcurre tu existencia,

que envidio de entre todas las de los seres terráqueos.

Pienso: si la dicha existiese, esto sería,

oh estoico amigo, Diógenes acuático.


sábado, 17 de diciembre de 2011

El poema


El poema es un eco.

Una flor yuxtapuesta.

Un sonido de grutas sin liquen.

Una perla que oculta cadáveres.

Una herida en formol disecada.

El poema es un agua.

Produndez. Turbiedad. Cañerías

de sangre a presión y diástole.

Un tampón de saliva reseca.

Lengua y labio. Arena y desierto.

El poema es un fuego.

Mil cerillas o dedos palposos.

Combustión que se arde a sí misma.

Un calor gaseoso en la pelvis.

La bombilla que alumbra mi nada.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Soneto de la caricia interminable

Suaves curvas, colinas achatadas,

laderas donde el tacto rueda y place,

paralelos montículos, nevada

tez que en firmes ternezas se deshace.



No sé que admirar más; si el promontorio

de la carne abundante, o la ranura

que en medio dejan ambos abalorios,

estrecha y misteriosa, por lo oscura.


Oscura, pero clara. ¡Tiempo breve

y precioso el dedicado a la delicia

del palpamiento sabio y demorado!


¡Oh la mano golosa, que no puede

detener sus férvidas caricias

perdida en estos montes y estos prados!


martes, 15 de noviembre de 2011

El fin del mundo


Cuando el Sol se derrita y estalle el universo,

te cogerá el evento tomándote una horchata

en la puerta del Esquina, ese local famoso

donde las prostitutas esperan sus clientes desde hace décadas,

tan bello con su reclamo de neón rojo y sus veladores oxidados.

De nada te servirá, entonces, haber cambiado los neumáticos del coche

ni la revisión anual -tan fastidiosa- de la próstata.

¿Qué será -me pregunto- de esas chicas y sus escotes obscenos

y del camarero, cuyo hijo estudiaba ingeniería y alemán, en los veranos?

¿Qué será de este polígono y su alegre trajín de camioneros y chatarra?

¿Qué será de ti,

pobre proxeneta,

ahora que el mundo no existe?

lunes, 14 de noviembre de 2011

lunes, 7 de noviembre de 2011

miércoles, 12 de octubre de 2011

La emoción de España


Asisto en el día de la Hispanidad a un sencillo acto en una casa-cuartel de la Guardia Civil. La banda municipal, en su mayoría jóvenes y niños, entona los acordes de la Marcha Real, mientras se iza la bandera nacional en un ambiente de emoción y respeto. Hay un ambiente casi familiar; muchos niño y familias completas. Un detalle: “una” guardia civil, cuyo airoso pelo recogido no desentona para nada con el tricornio.

Los militares presentes asisten en posición de firmes, mientras que los civiles contemplamos y oimos con actitud de recogimiento. El acto tiene la sencillez de una fiesta de pueblo y, al tiempo, la solemnidad de una acto ritual. Se cierra, como es de rigor, con vivas a España, al Rey y a la Guardia Civil.

Pienso en la vida de estos hombres y en la de sus familias. Viven con modestia en una casa-cuartel que en nada se parece a una zona residencial. Hacen un trabajo duro y quizá no muy bien remunerado. Están sujetos a traslados y al duro trabajo de adaptarse a nuevos lugares. Y sin embargo, parece que en ellos recae, en parte, esta función de sostener la idea, la emoción de España, el respeto y la debida consideración a sus símbolos.

Estos hombres, tantos otros, cuando defienden la idea de España, no defienden privilengios ni prebendas propias. Más bien, se trazan un camino para el trabajo y el sacrificio. Comparo su situación con la de otros, de posición más privilegiada, a los que parece que no le importaría romper la baraja de una partida en la que a ellos no les va tan mal.

España no es un invento de reaccionarios ni una coartada de prepotentes. Por el contrario, creen en su realidad y confían en sus posibilidades miles, millones de gente sencilla, que se sitúa más allá de las argumentaciones, de las disquisiciones políticas, de los debates históricos.

España se condensa en ciertos signos que nos emocionan -la bandera, el himno, la Corona en lo que tiene de símbolo vivo- , signos que son, más que antiguallas arqueológicas o piezas de un museo nostálgico, luces que nos iluminan un futuro común. Es así de sencillo: en una casa-cuartel, celebrando el 12 de octubre, descubro que España, como casi todas las cosas humanas que importan, es una emoción.

Publicado el 12 de octubre de 2008