lunes, 27 de febrero de 2012

Soy su sombra


Penetra el tiempo en mí como una daga

punzante de dolor / pero no hay

otro camino al ser porque es el tiempo

mi sustancia propia / la efímera cadena

que a la vida me ata / soy su sombra.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Leonardo

Cierta ironía que observo en tu cabeza erguida,

recién salida de la concha después del sueño,

es la lejanía con que el sabio mira a las hormigas,

la lentitud de quien sabe la muerte congelada.

Por todo alimento, una ración de insectos diminutos,

y un estrecho horizonte de orillas fangosas.

Entre el agua y la piedra transcurre tu existencia,

que envidio de entre todas las de los seres terráqueos.

Pienso: si la dicha existiese, esto sería,

oh estoico amigo, Diógenes acuático.


sábado, 17 de diciembre de 2011

El poema


El poema es un eco.

Una flor yuxtapuesta.

Un sonido de grutas sin liquen.

Una perla que oculta cadáveres.

Una herida en formol disecada.

El poema es un agua.

Produndez. Turbiedad. Cañerías

de sangre a presión y diástole.

Un tampón de saliva reseca.

Lengua y labio. Arena y desierto.

El poema es un fuego.

Mil cerillas o dedos palposos.

Combustión que se arde a sí misma.

Un calor gaseoso en la pelvis.

La bombilla que alumbra mi nada.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Soneto de la caricia interminable

Suaves curvas, colinas achatadas,

laderas donde el tacto rueda y place,

paralelos montículos, nevada

tez que en firmes ternezas se deshace.



No sé que admirar más; si el promontorio

de la carne abundante, o la ranura

que en medio dejan ambos abalorios,

estrecha y misteriosa, por lo oscura.


Oscura, pero clara. ¡Tiempo breve

y precioso el dedicado a la delicia

del palpamiento sabio y demorado!


¡Oh la mano golosa, que no puede

detener sus férvidas caricias

perdida en estos montes y estos prados!


martes, 15 de noviembre de 2011

El fin del mundo


Cuando el Sol se derrita y estalle el universo,

te cogerá el evento tomándote una horchata

en la puerta del Esquina, ese local famoso

donde las prostitutas esperan sus clientes desde hace décadas,

tan bello con su reclamo de neón rojo y sus veladores oxidados.

De nada te servirá, entonces, haber cambiado los neumáticos del coche

ni la revisión anual -tan fastidiosa- de la próstata.

¿Qué será -me pregunto- de esas chicas y sus escotes obscenos

y del camarero, cuyo hijo estudiaba ingeniería y alemán, en los veranos?

¿Qué será de este polígono y su alegre trajín de camioneros y chatarra?

¿Qué será de ti,

pobre proxeneta,

ahora que el mundo no existe?

lunes, 14 de noviembre de 2011

lunes, 7 de noviembre de 2011