lunes, 4 de abril de 2022

La pasión de Giovanni Papini

 

El gran escritor italiano vivió la última etapa de su vida como un verdadero apasionado de la Vida y del Espíritu:

Aquí

Para una poética


No usar adjetivos sensitivos

ni verbos en primera persona.

No mostrar sentimientos, como suelen

los influencers y los pobres románticos.

(Si alguno se permite, que sea la ironía.)

Nunca citar a un escritor que haya vendido

más de 10 ejemplares.

Considerar a los lectores -sobre todo a los propios-

como a un atajo de ilusos: lo que son.

Saber que incluso la Vanguardia

acaba en Academia y tesis doctoral.

Dejar que la palabra fluya con su hiel

y su áspera dicha, sin retóricas.

Esperar que mi obra asome al fin

(a esto llaman posteridad los entendidos.)

en alguna librería de viejo polvorienta

o  en el contenedor del reciclado de papel.

Todas estas cosas  -y algunas que me callo-

son las que me impongo para ser

un poeta maldito.


lunes, 21 de marzo de 2022

Edith Stein: un cruce de caminos

Una gran mujer en la encrucijada de la Historia: 

                                          Aquí

Cervantes con un pie en el estribo

  El último texto escrito por Cervantes  lo retrata de modo fidedigno. 


                                              Aquí

Mala memoria

             La muerte es un gesto difícil.

Tantas veces lo ensayaste delante del espejo

y, sin embargo, ahora no recuerdas

ni el color del traje escogido para el trance.

Escribo

 

Escribo ensayos tristes y poemas sonámbulos.

El abejorro vuela rozando las arañas.

Margarita sin pétalos. Páginas sin sombra

y un enjambre de moscas familiares.

Escribo por no tener otra cosa para el tiempo.

Papeles manchados de tinta violeta.

Hormigas que tropiezan con ardor gongorino.

Escribo con la pluma oxidada de polvo.

La sangre de los siglos, coagulada,

nunca será latido, sino letra.

Ensarto  las palabras en con el hilo y la  aguja

antes que el  scriptorium se invada de polillas.

 


Cansar me cansa

 

Cansar, me cansa la vida sobre el hombro.

Pesar, me pesan las horas y los huesos.

Vivir, vivo y no salgo de mi asombro

de seguir latiendo a medias con mi cuerpo.

Morir, muero y el caso es que me río

de que esta lotería de la muerte

 venga a tocarme a  mí (precisamente,

habiendo tantos muertos), que estoy vivo.