sábado, 22 de febrero de 2014

Democracia real /democracia virtual


¿Qué significa “democracia real”? La expresión, que me parece plena de equívocos y posibilidades, me suscita interrogantes y reflexiones.

Si la expresión quiere decir que el ciudadano toma directamente (realmente) las decisiones del Estado, entonces expresa una imposibilidad. Precisamente la democracia es el único sistema político donde la toma de decisiones y sus actos correspondientes no derivan directamente de una correlación de poder, sino que se realiza a través de un acto de representatividad que es un acto convencional y -si se me entiende la expresión- “artificial”. En la situación predemocrática se produce el acto de gobierno como una simple acción de poder del poderoso (valga la redundancia) o el apto frente al gobernado. Aquí el fenómeno político es más “real”, en el sentido de directo y no convencional. Toda democracia, por el contrario, tiene algo de virtual. Y este carácter, al contrario de lo que pueda parecer a simple vista, no supone un retroceso, sino un avance en la larga marcha de la barbarie a la civilización. Entre el señor feudal que castiga al siervo de la gleba con latigazos por un delito (pongamos) de robo, hasta nuestro complicado, formalista y ciertamente imperfecto sistema judicial, con todas sus taras y tardanzas, se ha transcurrido de lo directo y real a lo virtual; pero también de lo despiadado a lo mediana y aceptablemente humano.

Por todo esto, cuando se habla de democracia “real” o democracia “directa” me parece que nos deslizamos por una pendiente cuyo final desconocemos y en cuyo áspero trayecto podemos dejarnos más de un trozo de piel. Yo creo que la gente más bien quiere decir con lo que dice “democracia moral”. Esta moralidad puede entenderse en dos sentidos: a) un sistema donde los procesos del Estado respondan a conductas individuales virtuosas y donde haya una normativa que controle y sancione las desviaciones de esta norma. b) Un sistema que genere justicia y bienestar para sus miembros. Cada uno de estos puntos es distinto. Es cuanto al a), tengo que decir que la democracia por sí misma no puede general virtud, ya que ésta depende de otros factores (morales, religiosos…) y se mueve en otro ámbito. Se puede ser demócrata y mala persona, por decirlo de una forma simple. Lo que sí tiene -y debe- hacer el sistema es establecer un marco legal de control, corrección y sanción. En el punto b), entramos en un ámbito hasta ahora no mencionado: la economía. Para que haya justicia debe haber riqueza (no puede repartirse la nada) y para que haya riqueza tienen que darse una serie de condiciones objetivas que, desde la revolución industrial de finales del XVIII hasta hoy, son parecidas: libertad de mercado, respeto a la propiedad privada, seguridad jurídica que garantice una competencia limpia, estabilidad política, espíritu de innovación y cambio. La riqueza no es un recurso natural, como la lluvia o el viento, sino creación humana (ese tercer “mundo” del que habla Popper, que se une a los clásicos de Materia y Espíritu), que sólo se da en ciertas condiciones, una de las cuales (no la única) puede ser el sistema democrático.

Después de lo dicho, descubrimos que debajo de la expresión “democracia real” termina habiendo, a fin de cuentas, un cúmulo de buenas intenciones, una pretensión de mejorar el sistema y depurarlo de sus imperfecciones. Esto es: un impulso de mero reformismo; todo lo contrario de una revolución.

sábado, 15 de febrero de 2014

Teología pedestre (2)

La Comunión de los santos explicada con sencillez: hasta que llegue la Parusía, los vivos y los muertos habitamos distintos camarotes, pero un mismo barco.

viernes, 7 de febrero de 2014

Historia de la Literatura


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Garcilaso no sabía que a Elisa le olía el aliento,
que expelía largos pedos en las altas horas de la noche
y que mostraba un extraño color en la orina,
como de una cierta enfermedad renal.

Fray Luis nunca contó de su huerto
que estaba plagado de orugas venenosas;
y que el uso de la azada producía
en su espalda un lumbago insoportable.

Góngora era un viejo avaro que guardaba
sus exquisitos manuscritos en un cartapacio
de maloliente piel de cordero
-olor que él prefería al de la plebe,
siempre tan ignara y sin latines.

Quevedo corregía su cojera
con un taco de madera en su zapato.
Mostraba un gusto pésimo para las meretrices
-las prefería obesas y rurales-
y, además, nunca pudo sospechar
que él, gran cantor del Tiempo y de Parca,
tendría un mal entierro de tercera.

Prefiero


Prefiero estar perdido que ser mapa
antes  naufrago que amante / sé mejor
callar que abrir la vena más sonora
y digo más: me inundaría antes
que ahogar tanta mariposa desalada
o perder el ritmo neutro de los buitres.

No quiero ahora este dilema extraño:
o entrar en la húmeda cueva donde pájaros
no anidan nunca / o desandarse
todo el camino duramente piedra
y polvo.