martes, 20 de mayo de 2014

El dandi



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He pasado la vida ensayando poses delante del espejo
para el día de mi muerte.
Quizá en mi sillón Flaubert,
rodeado de mis libros polvorientos,
con una margarita medio ajada en el ojal derecho
y las Máximas de Marco Aurelio entre las manos
-como si la vista me sirviese entonces para algo.
Diciendo a mis deudos y parientes,
si alguno me queda, los últimos consejos.
Todo esto es un juego vagamente divertido
y siempre gana la Casa.
Da lo mismo a qué apostéis; sólo hacedlo
sin perder la compostura y, si es posible,
sin codazos ni aspavientos. No abdiquéis
de lo que importa, la Belleza; y no aflojéis jamás
ni el rigor de la sintaxis
ni el nudo de la corbata.