miércoles, 29 de septiembre de 2010

De profundis

En el atasco de hoy, Señor, te aclamo,
en esta avenida ancha y ruidosa,
desde este abismo de humareda oscura.
¿Por qué, dime, los hombres se recluyen
en esas cajas de hojalata dura
y, tristemente, míranse lejanos
como sombras que ignoran su destino?
Cogido al volante, con mis manos húmedas
de sudor, cegado y sin mis gafas
de sol (¿dónde las puse?), melancólico,
oliendo a gasolina mal quemada
(suena el movil, ¿quién tiene la ocurrencia?),
te aclamo, Señor, desde este enjambre
de soledades juntas. No abandones
a este ejército de animales solitarios,
a este pobre hormiguero laborioso.
Llena de Luz la sombra del asfalto.

1 comentario:

  1. Que gran endecasílabo final, que rezaré a menudo. Gracias.

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